6 de diciembre de 2012

HISTORIANDO


Cuando Luis XVI tomaba la sopa boba en su palacio mientras los muertos de hambre asaltaban Las Tullerías por un mendrugo de pan, lejos estaba de saber que habría de ser su cabeza la que pronto rodara rebanada.

Cuando Ceaucescu alzaba su voz contra las ansias de libertad que en tromba se colaban por la grieta abierta en el Muro de Berlín, lejos estaba de saber que sería su cuerpo acribillado por las balas, y no la democracia, lo que pronto yacería en el frío suelo rumano.

Y cuando Rajoy hace esto y aquello desde su despacho en el Palacio de La Moncloa, mientras millones de personas se ven abocadas a la miseria y al desahucio material y vital, lejos está de saber y comprender que nadie sabe dónde está ese punto en que el Pueblo da por roto el contrato con el poder y se cobra cada agravio.

25 de junio de 2012

GALOP


¡Galopad! ¡Galopad, hijos del viento
negros corceles de suave algodón!
Que no es fuego el sol que a lo lejos arde
ni flechas los rayos que heriros quieren.

¡Galopad! ¡Galopad, hijos del viento,
negros corceles de suave algodón!
Que retumbe pavorosa la tierra
bajo el martillo de vuestras pezuñas,
que lloren inconsolables los cielos
bajo el estruendo de vuestros relinchos,
que no hay mortal que cuerdo os grite ¡so!
ni dios que vuestros bocados embride.

¡Galopad! ¡Galopad, hijos del viento,
negros corceles de suave algodón!
Mas huid del pintor que mira el lienzo,
del poeta que tienta las palabras.

3 de junio de 2012

VALENCIA


En aquellos días, mientras estuvo pateando sus calles, deleitando sus sentidos en la contemplación de la ciudad, no fue consciente de ello. Sólo más, tarde, de vuelta de aquel viaje, no recuerda ya si días o meses después, cayó en algo: no había, atrapado en la red de su memoria, ningún recuerdo del pasado andalusí de la ciudad: ni una piedra, ni un edificio, nada. Aunque de haber tenido más tiempo y no haber estado sus pasos regidos por el azar, es más que posible que hoy no escribiera sobre lo ausente.

18 de abril de 2012

EL OLVIDO DE LO COTIDIANO

Hay cosas que no puede recordar y, por tanto, cosas de las que desconoce la emoción que le provocó descubrirlas, conocerlas, vivirlas. ¿Cuál fue su primera palabra? ¿Cuándo montó por vez primera en un coche? ¿Y el mar? ¿Cuándo dejó que el mar se le metiera en el alma? Sabe que su olvido tiene mucho que ver con el hecho de no tener nada de extraordinario, de no salirse de lo cotidiano.

5 de abril de 2012

"MIRA, MIRA LO QUE PONE EN ESA BOTELLA"

Aunque se considera ateo, allí está él, de pie en lo alto de aquellas escaleras, viendo la procesión. Pero nada puede haber de extraño en ello: está claro que lo teatral, y lo ritual y lo teatral en el fondo comparten un mismo origen, le atrae, aunque sea sólo estéticamente. No es extraño, como tampoco es lo extraordinario de esta historia. En lo alto de las escaleras está, de pie junto a la puerta de una vieja tienda. Mira el escaparate: algunas conservas, también algunas botellas de licor. Y entre todas ellas, una destaca, no sólo por su tamaño, sino, sobre todo, por su nombre. De hecho, un hombre da un codacito a su mujer y le dice: "Mira, mira lo que pone en esa botella".


23 de marzo de 2012

ESPERANDO AL BRETAGNE


Durante años, desde la mañana en que su abuelo le llevó a ver el primer barco que inauguraba aquella línea marítima, ir a ver atracar o zarpar el ferry, entreteniéndose muchas veces en ver cómo coches, caravanas y camiones entraban o salían de sus bodegas, se convirtió en una costumbre a la salida de clase. Pero nunca acudió a los muelles con tanta emoción ni tanto interés por verlo, como cuando desde la terraza de la estación marítima vio llegar, enfilando la canal, al Bretagne, tan diferente al viejo Quiberon, en su escala inaugural.

26 de febrero de 2012

FRITZ: UN CUENTO POR ENTREGAS (XXXIV)- LAS DOS MUERTES DE FEDERICO ALEMÁN


Marca el reloj las nueve menos cinco de la mañana. En torno a la mesa de la sala de reuniones de la comisaría, el Capitán González, el abogado de la Policía, el de la Señora Mann y Alfons esperan la llegada del Teniente Grisón con el informe de los restos hallados en la limusina del accidente del P.K. 42,500. En cada uno de ellos la impaciencia se muestra de un modo: el Capitán González juega con su reloj, como si de repente fuera un objeto extraño para su muñeca; el abogado de la Policía, mira y remira la carpeta que ha sacado de su cartera; el abogado de la Señora Mann, por su parte, mira cabizbajo la estancia y se muerde el labio superior; y Alfons, Alfons simplemente está allí sentado, abstraído en el recuerdo de los lejanos años de infancia, cuando conoció a Laura Dell’Oro, su cliente y amiga.

A las nueve en punto, el Teniente Grisón abre la puerta de la sala y entra; lo hace sin prisa, tomándose su tiempo. Reparte sendas carpetas a los allí presentes: esos son los resultados de los restos hallados en el trigal. Lo que pueden leer al abrir aquellas carpetas, les saca de golpe de la impaciencia y les arrastra inexorablemente a un estado de cosas que quizás ninguno había imaginado: los restos de sangre hallados en la limusina, y que con seguridad puede afirmarse que pertenecen sobre todo a la víctima del caso, obligan a plantearse que bien lo que creían un asesinato no lo fue o bien Federico Alemán murió por segunda vez en aquella limusina.
En todos la incomprensión se mezcla con el asombro. Pero el Teniente Grisón les explica lo que para un científico como él dicen los datos: la cantidad de sangre hallada en ambos escenarios sólo es explicable si en uno de los dos hubo un aporte extraordinario de material sanguíneo.



-Y eso quiere decir exactamente…
-Eso, Capitán González, quiere decir, ni más ni menos, que hemos de suponer que alguien, quizás el mismo Federico Dell’Oro, contaba con reservas sanguíneas para usarlas cuando fuera oportuno. Ni más ni menos que como haría un atleta.

El abogado de la Policía no dice nada, aunque en su rostro se nota que nada de lo que parece anunciar ese informe forense le agrada. El abogado de la Señora Mann, por su parte, no duda en sugerir que eso exculpa a su cliente. Y Alfons, que no puede esconder la contrariedad que le causa lo dicho por el jefe del Departamenteo Forense, no piensa en el caso, sino en cómo trasladarle a Laura los nuevos datos.



-Si miran la segunda página -apunta el Teniente Grisón-, podrán ver que de las muestras de ADN recogidas en este segundo escenario, la mayoría eran sencillamente inservibles, por su estado de degradación. Sin embargo, las pocas muestras analizables, nos han permitido identificar ADN de sólo dos indivíduos: uno, Federico Alemán, en trazas encontradas en el asiento del conductor, el trasero y en algunos restos plásticos hallados en el maletero de la limusina; el otro, Laura, su mujer, en el asiento trasero, como era de esperar, si nos atenemos a lo declarado por ella bajo hipnosis.

-¿Y la Señora Mann, la conductora de la limusina?, pregunta inmediatamente Alfons.

-Sólo tenemos dos ADNs distintos y pertencen, sin lugar a duda, al matrimonioAlemán-Dell’Oro. Nada nos permite afirmar, con los datos científicos de que disponemos, que en esa limusina haya habido ningún otro individuo, estemos pensando en la Señora Mann o en cualquier otra persona. Pero que no podamos afirmarlo, no equivale a que podamos negarlo sin más.

25 de febrero de 2012

OTRA VEZ, ALGUIEN

Entra en el café y, como siempre, se acerca al cajetín de la prensa y toma un periódico. Después mira y camina hacia una mesa. Antes de llegar a ella, una señora mayor le ofrece otro periódico, que él devuelve al cajetín junto a la entrada. De vuelta hacia su mesa, dudando si había entendido mal, pregunta a la señora si era eso lo que quería o si era cambiarle el periódico. Pero no, estaba todo bien. Sin embargo, de repente aquella señora, a quien no conoce, le dice: "Usted es abogado, ¿verdad?" Y ya van... No, él no es abogado, pero cada vez se convence más de que un abogado de aquella ciudad, si no es él, se le debe parecer mucho.



24 de febrero de 2012

EL ENEMIGO MÁS PELIGROSO

En las manifestaciones de Atenas, el hombre que hace más de 60 años arrancó la bander nazi de la Acrópolis -hoy un anciano de 91 años de edad- acaba en la enfermería del Parlamento tras una carga policial. En Valencia, en las manifestaciones de estudiantes, los antidisturbios, su jefe dixit, se enfrentan a "enemigos" y como a tales se les trata. Y por esta vez Nolaaxe está tentado de ponerse del lado de los antidisturbios atenienses y valencianos: porque no hay enemigo más peligroso que un anciano que sabe la importancia de no callarse o un adolescente que empieza a descubrirque su silencio no es el derecho de nadie.

15 de febrero de 2012

VOLVIENDO LA MIRADA ATRÁS


Cruza el paso de cebra, medio corriendo, mientras se cierra el semáforo. Y al mirar hacia su derecha, hacia la calle desde la que los coches se acercan, cruzando la amplia vía que en tiempos fuera ría que separaba la Puebla Vieja y la Puebla Nueva, unidas tan sólo por un viejo puente de piedra, quizás de madera mucho antes... por un instante su mirada vuelve atrás decenios, siglos, y se imagina el agua, y la orilla del otro lado. Y sin saber por qué, se pregunta si alguna vez alguien cruzaría aquella ría a nado, quizás niños jugando, como los raqueros que siglos después  inmortalizaría Pereda con el leve vuelo de su pluma.