11 de julio de 2011

A VECES SUCEDE

Nunca ha sido de mirar escaparates; al menos no de mirarlos por mirarlos. Más bien, todo lo contrario: ha sido de no mirarlos, salvo que algo en ellos le dijera: "¡Eh, oye, sí, tú, mira lo que hay aquí para ti!" Bueno, quizás tampoco sucede exactamente así; pero no cabe duda de que, dejando a un lado los escaparates de las librerías y de algunas tiendas de música, el resto nunca puede saber a priori si reflejarán por un instante sus ojos curiosos. A veces sucede, y lo hace porque la compañía y la cortesía le obligan a ello; pero casi siempre sucede de un modo casual, no necesariamente en un entorno que desconoce, al doblar una esquina, al cruzar una calle, al relajar su paso esperando a alguien.


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