31 de marzo de 2011

¡MÍRALOS, AHÍ, TIRADOS A LA BARTOLA!

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"¡Míralos, ahí, tirados a la bartola!" Y es que hay que ver lo que puede uno encontrarse por las calles a la luz del día. Si no fuera porque son peluches, pensaría uno -¿los peluches hacen tales cosas?- que la noche fue larga y acabaron demasiado perjudicados para dar un paso más. Y como en todo grupo hay siempre un gracioso, ahí está, todo risa y dientes y lengua de trapo, el perro o el hipopótamo o lo que sea. Pero pese al humor que le pone a la escena, le queda la extraña sensación que le deja no saber cómo ni por qué han acabado en la basura peluches tan alegres.

8 comentarios:

  1. A veces los niños se hacen grandes o las casas pequeñas y los peluches estorban, lo mismo ocurre, a veces, con las personas, se convierten en un estorbo cuando ya son inservibles o tienen alguna pieza rota.

    Un abrazo,

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  2. Todo lo has dicho con tus palabras, Saudades: y yo no lo diría mejor.

    Un abrazo.

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  3. Nolaaxe, no tienes idea de la cantidad de peluches que se pueden reunir cuando, al nacer un niño,a todo el mundo le da por regalar eso. Al final terminan siendo un nido de ácaros y el niño ni los mira. Normalemente la mayoría de la gente, cuando tira juguetes, los deja al lado de los cubos de basura para que, si a alguien le gustan, pueda cogerlos. Por eso debían estar ahí...tirados a la bartola.
    Yo tiré de un solo golpe decenas de ellos hace años. Una noche mi hijo, tenía unos 3 años, se despertó llorando y me dijo: "mamá los muñecos me miran, no cierran los ojos...me da miedo". al día siguiente desaparecieron de su habitación todos.

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  4. Sí, es verdad, también un día los juguetes que tanta compañía me hicieron mientras yo me hacía mayor acabaron, aunque yo no lo viera, ahí, tirados a la bartola junto a cualquier contenedor de basura.

    Pero yo no recuerdos muchos peluches, de hecho sólo guardo memoria de un perrito de largas orejas y negro hocico, aunque creo que la última vez que lo vi ni hocico tenía ya. No recuerdo si lo tiré yo, pero lo más seguro es que no, que fueran, como cai siempre, mis padres. ¡Menos mal que para compensar lo que los padres nos tiran, está lo que los Reyes Magos nos traen!

    Y qué penita el miedo de tu hijo a esos seres maravillosos y tiernos.

    Besos.

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  5. jajajaja, nolaaxe, me gusta tu idea de que han tenido una noche divertida y han terminado perjudicados en un rincón de la acera. Los peluches han inundado mi vida desde la infancia. Solo he tirado los absolutamente destridos, inservibles. El resto se los dejé a mis hijas que se ocuparon de ellos. En un trastero todavía deben estar los 20 ò 30 que han quedado vivos para los siguientes niños que pasen por casa. Creo que no podría tirarlos, es que son como de la familia

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  6. Quizás esos pedacitos de trapo sean nuestros primeros amigos. ¡Y cómo los abrazamos! ¡Y cómo los achuchamos! ¡Y cómo los queremos! Hasta no querer decirles adiós. Por eso sospecho, Calle59, que son los padres, la mayoría de las veces, las que les pagan una noche loca para que beban y olviden...

    volver a casa.

    Un beso. Y cuida de esos peluches que tanto cariño atesoran.

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  7. Estoy con Aliana: los juguetes bien puestecitos se los acabará llevando alguien.
    Llegué a ofrecer juguetes prácticamente nuevos a varias asociaciones "humanitarias" que no los quisieron porque eran usados.
    Así es que los limpié, les puse su mejor cara, los ordené muy buen puestos con todos sus complementos al lado de un contenedor, y duraron....lo que un bocata de nocilla a la puerta de un colegio.

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  8. Pues deseemos larga vida a esos peluches adoptados anónimamente; concedámosles la gracia de que sigan ilusionando a niños llenos de imaginación.

    Y qué pena me dan, belkis, esas asociaciones "humanitarias" que no saben apreciar lo que se les da, no a ellos, sino a los necesitados.

    Besos.

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